Declaración del Grupo de Lima, martes 13 de febrero

Declaración del Grupo de Lima, martes 13 de febrero

DECLARACIÓN DEL GRUPO DE LIMA Reunido este martes 13 de febrero Los Cancilleres y representantes de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía frente a la decisión adoptada por el Consejo Nacional Electoral de Venezuela de convocar unilateralmente a elecciones presidenciales para el 22 de abril de 2018, sin haber alcanzado un acuerdo con la oposición, tal como se había comprometido el Gobierno, y, en concordancia con su Declaración del 23 de enero último, expresan lo siguiente: 1) Su más firme rechazo a dicha decisión, que imposibilita la realización de elecciones presidenciales democráticas, transparentes y creíbles, con la participación de todos los actores políticos venezolanos, con observación y estándares internacionales, y reiteran que unas elecciones que no cumplan con esas condiciones carecerán de toda legitimidad y credibilidad. 2) Exhortan al Gobierno de Venezuela a que reconsidere la convocatoria de las elecciones presidenciales de conformidad con lo señalado en el párrafo anterior y, apegándose a su propia normatividad, presente un nuevo calendario electoral. 3) Subrayan que no puede haber elecciones libres y justas con presos políticos, sin la plena participación de los partidos políticos y líderes detenidos o inhabilitados arbitrariamente, con una autoridad electoral bajo el control del Gobierno, sin la participación de millones de venezolanos en el extranjero imposibilitados de votar, convocada originalmente por la asamblea constituyente, órgano carente de legitimidad y legalidad, cuya existencia y decisiones no reconocemos. 4) Toman nota del informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos “Institucionalidad democrática, estado de derecho y derechos humanos en Venezuela”, que documenta el serio deterioro de la vigencia...
Apuntes en torno al extremismo político (II): El chavismo y la interpretación libre del marxismo-leninismo

Apuntes en torno al extremismo político (II): El chavismo y la interpretación libre del marxismo-leninismo

Miguel Ángel Martínez Meucci En el artículo anterior nos referíamos a la forma particular de extremismo político que durante dos siglos ha estado encarnada en esos fenómenos políticos característicamente modernos que son las revoluciones, sobre todo en aquellas que Ángel Bernardo Viso llamó “revoluciones terribles”, y que durante el siglo XX corresponden esencialmente a las que se desarrollaron bajo el guión de la ideología marxista-leninista. En esta oportunidad queremos repasar sucintamente el impacto de este ideario en América Latina, y más concretamente en Venezuela, haciendo ver cómo su impronta sobre el chavismo es innegable a pesar de que sus particularidades no se agoten ahí. América Latina ha experimentado en diversas oportunidades los estragos que a menudo ocasiona la mentalidad revolucionaria de factura comunista. Si bien a menudo las luchas enarboladas por los abanderados de esta ideología estaban en cierto modo justificadas –en tanto se enfrentaban con situaciones de grave injusticia y desigualdad– también es cierto que con demasiada frecuencia el remedio terminó resultando peor que la enfermedad. El caso más emblemático es aquel en donde la victoria de los comunistas fue más completa: en la Cuba castrista la receta marxista-leninista se aplicó de forma bastante nítida y convencional. En la isla caribeña el retraso y la miseria actuales tienen muy poco que ver con situaciones que no sean de exclusiva responsabilidad del modelo de gobierno. En otros casos, la influencia de este ideario resultó fundamental –con matices de todo tipo– en movimientos armados como los del sandinismo, las FARC o Sendero Luminoso, los cuales lucharon con resultados irregulares –pero siempre lamentables– a lo largo de todo el continente. El...
La gran componenda criminal: El reparto de Venezuela entre cúpulas militares y “revolucionarias”

La gran componenda criminal: El reparto de Venezuela entre cúpulas militares y “revolucionarias”

Humberto García Larralde, economista, profesor de la UCV, humgarl@gmail.com Si en los ’60 se nos hubiese dicho a quienes militábamos en la izquierda que nuestra prédica serviría décadas más tarde para encumbrar una dictadura militar, habríamos reaccionado indignados. En esos años la izquierda asumía posturas insurreccionales en distintos países de América Latina, enfrentada violentamente a quienes eran percibidos como el “brazo armado de la opresión”. Los militares eran visto como autores de la represión, tortura y muerte de decenas de jóvenes -en su mayoría, universitarios- insuflados de una fe ciega en su misión “histórica” de “liberar” a la patria. Paradójicamente, esta prédica era a su vez militarista. Fidel, con la autoridad que le envestía haber conducido una revolución victoriosa en las narices del imperialismo, insistía una y otra vez en que “el deber de un revolucionario era hacer la revolución”. ¿Y cómo se hacía eso? Pues, por la violencia militar, agarrando un fusil y alzándose contra el gobierno. Las objeciones de la ortodoxia marxista, que señalaban la inexistencia de condiciones objetivas y subjetivas para el éxito de tal empresa, desaparecían ante la tesis esbozada por Regis Debray: la pequeña rueda del foco guerrillero activaría, cual engranaje revolucionario, a la gran rueda de la insurrección popular. El voluntarismo, con la fuerza de las armas, sustituiría a las luchas sociales. Además, había un militarismo “bueno” y uno “malo”. Las intentonas de Barcelona (1961) y Puerto Cabello (1962) en contra de la democracia venezolana caían dentro del primer grupo por haber sido instigadas por el PCV, la de Castro León -derechista- (1960), dentro del segundo. A principios de los ’70 el golpe...
Liliana Ortega, Premio Franco-Alemán de Derechos Humanos y el Estado de Derecho 2017

Liliana Ortega, Premio Franco-Alemán de Derechos Humanos y el Estado de Derecho 2017

El Embajador de Francia  Romain Nadal hizo énfasis en que, junto a Alemania, han decidido movilizar la red diplomática, en virtud de que “cada una de nuestras embajadas debe ser una casa de los Derechos Humanos” para promover y hacer progresar esta causa. Los Embajadores de Francia y Alemania en Venezuela, Romain Nadal y Stefan Herzberg, hicieron entrega del “Premio Franco-Alemán de Derechos Humanos y el Estado de Derecho 2017” a Liliana Ortega, directora y fundadora del Comité de Familiares de las Víctimas (Cofavic), en reconocimiento a su sostenida labor en pro de las víctimas de la violencia, el abuso de poder y de la represión. Los mencionados diplomáticos resaltaron el trabajo que en  defensa de la dignidad del ser humano ha desempeñado desde hace décadas  Liliana Ortega, al frente de Cofavic, organización creada en beneficio de las víctimas de los sucesos ocurridos entre el 27 de febrero y el 8 de marzo de 1989. Por su parte, el Embajador Stefan Herzberg destacó que con este reconocimiento a Liliana Ortega no solo se honra  a su persona: “la Sra. Ortega recibe este premio como representante de todos los valientes quienes abiertamente se oponen a los abusos de poder y al ventajismo, aquellos quienes buscan ayudar a sus prójimos y no solamente ‘tuitean’ sino que actúan en favor de los Derechos Humanos.” Los representantes de la diplomacia francesa y alemana reiteraron el compromiso de sus naciones por el respeto a la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, respondiendo a los valores consagrados en los Tratados de la Unión Europea. El Premio Franco-Alemán...
Apuntes en torno al extremismo político (I): A un siglo de la Revolución Rusa

Apuntes en torno al extremismo político (I): A un siglo de la Revolución Rusa

Miguel Ángel Martínez Meucci 27 de noviembre de 2017 Resulta moneda de curso corriente en nuestro tiempo la idea de que la democracia, entendida en su acepción liberal, es el mejor régimen que podamos darnos hoy en día. No obstante, y como es natural en el marco de sociedades plurales, hay múltiples formas de concebir el modo ideal de ordenar una sociedad democrática; ello dependerá de aquellas cosas que consideremos más importantes, o de aquellos bienes (tangibles e intangibles) que aún no nos parezcan suficientemente alcanzados con respecto al modo en que queremos vivir en sociedad. Por mi parte, considero que la democracia liberal es, en efecto, el mejor régimen político en el que podemos vivir en nuestro tiempo, no porque éste nos garantice la felicidad personal, sino porque parece facilitar mejor que cualquier otro la posibilidad de convivir en paz, en el marco de unas instituciones que permiten a cada quien el libre desarrollo de sus capacidades y el libre desenvolvimiento de su personalidad. Desde este punto de vista, la democracia liberal es el mejor régimen porque, entre otras cosas, se fundamenta en la importancia de la moderación en política. Aunque creamos algo a pie juntillas, aunque juremos que nuestra opinión es la correcta, en el seno de una democracia liberal moderamos nuestros comportamientos y nos sometemos a –y defendemos– un orden que establece igual derecho de todos a expresarse y a buscar su propia felicidad –mientras nadie perjudique directamente a los demás– y lo hacemos así porque nos parece que esa igualdad ante la ley ampara las libertades de todos y es en sí misma justa. Desde...