Los Papeles del Director

Fuegos en salsa…

Alejandro Oropeza G. “… cuando el más vil interés se arroga descaradamente el nombre sagrado del bien público, entonces la voluntad general se vuelve muda, y todos, guiados por motivos secretos, no opinan ya como ciudadanos como si el Estado no hubiera existido nunca, y se hace pasar falsamente bajo el nombre de leyes decretos inicuos que no tienen más fin que el interés particular”. Jean-Jacques Rousseau: “Del contrato social”, 1762.   Cuenta la historia, o las malas lenguas, que en oportunidades vienen ha ser casi lo mismo, que el poderoso Imperator Nero Cladius Divi Claudius filius Caesar Augustus Germanicus, mejor conocido como Nerón, se regocijaba tocando románticamente la lira mientras a sus pies ardía la ciudad de Roma. Se dice también que él mismo había ordenado el incendio con diversos fines que no vienen al caso y que posteriormente achacaría a una secta religiosa emergente y débil las culpas de tal atrocidad: los cristianos, que padecerían incontables persecuciones y torturas por la culpa de algo de lo que no tenían ni la menor idea. Más allá de la veracidad de tales hechos, subyace el contenido (podríamos decir simbólico) de los mismos, es decir, lo que alcanzan a reflejar y demostrar respecto de las posiciones de un gobernante y que bien puede ilustrar un patrón de conducta, muy detestable patrón por demás, que no ha dejado de acompañar a muchos de los líderes desde entonces, desde mucho antes ciertamente y hasta nuestros días. En primer lugar: nuestro locato emperador al refugiarse en los muy destemplados toques de la lira mientras la ciudad se consume en las llamas no hace...

El regreso al Espacio Público

Alejandro Oropeza G. “[La resistencia pasiva] … se trata de una de las más activas y eficaces formas de acción que se hayan proyectado, debido a que no se le puede hacer frente con la lucha, de la que resulta la derrota o la victoria, sino únicamente con la matanza masiva en la que incluso el vencedor sale derrotado, ya que nadie puede gobernar sobre muertos”. Hannah Arendt: “La condición humana”, 1958.   No es aventurado asegurar que los espacios públicos habían sido abandonados por buena parte de la sociedad venezolana. Entendiendo como tales espacios los ámbitos en donde es posible relacionarse con otros y reconocer diferencias y semejanzas, coincidencias y diferencias, lo análogo y lo distinto; ello, en definitiva, supone aceptar y aceptarse. También en esos espacios es donde se construyen los acuerdos sociales que legitiman buena parte de la acción social y política que las comunidades, los ciudadanos e individuos materializan. ¿Los medios para ello? La palabra, la voluntad, el discurso si se quiere, que no es más que la expresión oral y vívida de dicha voluntad. Decimos que buena parte de la sociedad venezolana había abandonado estos espacios porque renunció a las posibilidades de reconocerse a sí misma como actor político y social integrado, y de aceptar al otro distinto como posibilidad de acompañamiento común en medio de la diferencia, hecho fundamentalmente peligroso porque supone la división extrema de la sociedad, su antagonismo. Sin embargo, tal retiro también genera dos consecuencias que se incrustan en el seno social: la primera, se abdica a la posibilidad de alcanzar acuerdos que legitimen la evolución constante de los pactos...

Reynaldo…

Alejandro Oropeza G. A Reynaldo Marvez Joven exilado venezolano, y a Antonia Canero “Hasta cuando este valle de lágrimas, a donde yo nunca dije que me trajeran”. César Vallejo: “La cena miserable” en: “Los heraldos negros”, 1918. No conocía a Reynaldo, conozco a muchos jóvenes que les ha tocado la dura decisión de tener, porque sí, que abandonar su país, Venezuela. Pero a Reynaldo no lo había conocido. Coincidimos en un foro organizado en y por la St. Thomas University de Miami, en Florida y el escritorio de la abogado la Dra. Antonia Canero, con sede en la misma ciudad el pasado 11 de enero. El objetivo era reflexionar e intercambiar ideas y experiencias sobre las complejidades que rodean el hecho migratorio venezolano hacia los Estados Unidos de América y fui invitado a la mesa que reflexionaría sobre las especificidades de la política actual en nuestro país; y, en esa mesa compartiría entre otros expertos, con los jóvenes Diego Vicentini y Reynaldo Marvez. Nuestra “mesa” iniciaba con el extraordinario corto dirigido por Diego Vicentini titulado “Simón”, el cual atrapó a toda la audiencia y arrancó profundas emociones y aplausos al culminar. Diego termina su carrera de cine en Los Ángeles y este corto “Simón”, entiendo que fue su trabajo final para graduarse. Me comentó que ahora trabaja en su primer largometraje. Luego se iniciaron las presentaciones y comentarios, y en un momento dado la palabra le fue cedida a Reynaldo. Aquel joven comenzó a explicar las realidades que marcaron su destino y que llevaron a que su casa fuese invadida, asaltada y allanada por funcionarios del SEBIN, sin orden...

Diáspora…

…”gota a gota que te cuente mis penas el tinajero”. Sabana, Simón Díaz.  Alejandro Oropeza G. Fue como una sombra pesada atravesando la noche, más oscura que la tiniebla que habitaba afuera y que se mezclaba con vientos y pesares nacidos ahí, en ese centro quebrado. Fue un relámpago negro y sin luz buscando cobijo en una soledad que apenas comenzaba su camino. Sin contemplar los cielos cercanos aquellos párpados buscaron razones más allá del sueño desvelado; ahí en la mano aterida que insistía en aferrarse a una sábana empapada de sudores. Un sacudón que reclamaba negativos volteó el cuello de un lado a otro mientras se buscaban respuestas posibles en el piso frío que tocaba ya un pie desnudo. Un millón de preguntas en tropel acudieron certeras una tras otra a veces, organizadas en baterías alucinantes de dudas sin respuestas o ya con ellas incorporadas. Fue el primer atisbo de partida, la primera emanación que comenzaba a irse. La certeza persiguiendo contrarios en la historia que se iniciaba unas calles más abajo. También, comenzaba a marcharse la noche y quedaba por ahí dando vueltas un sabor salobre a lágrima guardada, a pecho con punzadas, a boca amarga reclamando esperanzas. Un vacío se acurrucaba sobre las últimas costillas y una taquicardia manchaba pañuelos blancos, casi amarillentos perdidos en gavetas inquietas. Fue, nuevamente al amanecer, la certeza de una posibilidad que se vestía delante de la carne como un acertijo traicionado, que ya no buscaba respuestas, que no entendía razones, que no perseguía justificaciones. Así, se escuchó una canción lejana y el estruendo de mil pájaros yendo o viniendo de...

De antipolítica inútil y crisis perversa

Alejandro Oropeza G. “…el espacio político democrático, en tanto orden político, sólo puede ser agonal, lo que implica que los oponentes no son un enemigo a eliminar sino un adversario cuya legítima existencia se debe tolerar y respetar (como diría Ernesto Laclau). Esto implica aceptar su derecho a defender ideas pacíficamente en el espacio político. Entonces, quienes se plantean con el propósito de destruir el orden democrático o desdeñan de sus instituciones o principios -por precario que éste sea o se considere- no hacen más que colocarse como enemigos del mismo”. Jorge Gómez Arismendi: “La democracia amenazada”, 09/09/2013.   Muchos, aun hoy día creen que la mejor forma de defender o perfeccionar a una democracia es atacándola. Aseguran que el motor que prestaría la fuerza necesaria para que las políticas públicas, los planes y proyectos del Estado fuesen, como por arte de magia, eficientes y efectivos, además de éticos, es que los partidos políticos abandonaran la diatriba pública y todos rezaran un mismo credo salvador. Pero, ¿a quién tocaría diseñar tal credo salvador? ¿Quién sería el depositario de la verdad absoluta que a todos convenciera para iniciar un camino libre de debates y oposiciones? Simple, una persona o grupo de personas que impusiera sus criterios, mientras el resto de esa sociedad asiente y dice amén sin que le pueda asistir la voluntad propia a nadie de discrepar de aquella santa verdad. Tal situación, como bien se puede entender, sería todo menos una democracia, así le acosen todos los defectos imaginables. Hace pocos días, el 11 de septiembre, se cumplían 45 años del golpe de Estado en Chile que derribó...

¿PODER… …ORDEN?

Alejandro Oropeza G. “…el mero poder adquirirá naturaleza política en la medida que se institucionalice”. Manuel García-Pelayo, “Idea de la política”.   Al parecer, nunca será suficiente la tinta destinada a analizar esa idea que ha dominado a la humanidad desde siempre: el poder. Ya que el mismo, el poder, constituye al final del camino, la posibilidad de legitimar y justificar la imposición del dominio de unos sobre otros y que esa posibilidad trascienda a lo largo del tiempo. Ello trae como fundamento la acción de imponer a la política como medio y como fin de esa intención. Acción que bien puede ser expresada a través de actitudes por parte de quien detenta la posibilidad (o la intención) de imponer e imponerse. Mencionábamos la legitimidad como argumento que justifica el dominio. Legitimidad que ha venido evolucionando desde que el mundo es mundo y que quizás una de las primeras legitimidades proviene de la fuerza que permitía dominar a otros por esta vía e imponer la voluntad propia. Y así sucesivamente, diversos han sido los criterios: divinos o teológicos, la razón, la herencia, la misma fuerza, etc. Pero siempre un criterio debe acudir a tratar de dar sentido y base al ejercicio del poder, entendido como dominio. Decimos entendido como dominio, ya que existen otros esquemas de fundamentación que no se constriñen a esta idea. En el caso de Hannah Arendt, concepción particular que hemos traído en no pocas entregas, se identifica poder con acuerdo, en una muy cercana y particular interpretación de la mano de Montesquieu. De ahí es menester reconocer que cuando se edifica una nueva estructura política,...

Libertad vs. Necesidad

Alejandro Oropeza G.   “La pobreza obliga al hombre libre a hacer muchas cosas serviles y bajas”.  Demóstenes, Orationes, 57.45. Recientemente releía El Príncipe de Maquiavelo en medio de una pavorosa tormenta que azotaba la ciudad. Siempre los clásicos nos brindan la oportunidad de releer y hasta cierto punto, entender la realidad con criterios que, si bien lejanos, ayudan a comprenderla y hasta a pensar en cómo diseñar acciones para superarla, cuando está definida por tiempos de crisis y miserias para las sociedades. Esa lectura la acompañaba en esos días con la más reciente obra de los profesores Steven Levitsky y Daniel Ziblatt: How the Democracies Die, en el cual no son pocas ni ligeras las referencias al proceso de desmantelamiento del sistema político democrático en Venezuela por parte, primero, de Hugo Chávez y, luego, de Nicolás Maduro. Para el italiano reputado fundador de la ciencia política, el criterio que guía la acción política es la gloria, norte que orientaba dicho actuar en la antigüedad clásica. Esto puede ser entendido desde varios puntos de vista: como registro histórico de un ejercicio que será motivo de estudio y ejemplo en el futuro; como reconocimiento de un impacto positivo en la sociedad, pueblo o realidad en la cual dicha acción genera un aporte que es valorado en ese presente; también, dicho reconocimiento puede extenderse a los pares que reconocen y aplauden una gestión que deja huella; y, finalmente, como posibilidad de un atributo personal de quien o quienes dieron los pasos y estrategias para que la gloria se hiciese presente como consecuencia de su actuar al frente de tales acciones políticas,...

Frente al espejo

Alejandro Oropeza G. | @oropezag   Ya no seremos niños, sacudidos por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de doctrina, por la astucia de los hombres, por las artimañas engañosas del error.  Efesios 4:14 Al salir de la sesión en el imponente Hemiciclo pensó que había estado aburrida; no hubo ninguna circunstancia que animara el encuentro. Los debates fueron más rutinas perdidas elevándose por columnas y retozando lentamente entre vericuetos testigos de historias aleccionadoras, que enconados ataques o arabescos de victorias próximas, de conquistas. No ha habido ni una sola discusión respecto del objetivo para el cual fuimos electos, se le vino a la mente; no hemos discutido ni un solo artículo de una probable nueva Carta Magna, reflexionó. Inconscientemente sacudió la cabeza como despojándose de malos pensamientos, lo cual resultó en un acto de intrépida coquetería para quienes estaban cerca. Total, ella podría ser actriz de Hollywood. Rió para sí misma. Luego, se dirigió al baño de damas, allí no tenía nada que hacer, solo quería un momento de serenidad. Se vio en el espejo pero, eludió su propia mirada ¿Qué pasa? Todo avanza bien, se dijo, cumplimos con el deber sacrosanto de defender la revolución heredada del “gigante”, seguimos su gesta, su sino universal y eterno. Todo está bien ¿verdad? Preguntó callada a su propia reflexión. No miró de nuevo al espejo, no pudo. El chofer aguardaba paciente en el vehículo oficial; hubo revuelo de escoltas, guardias, protectores y jalabolas. Rauda y ausente se coló rápidamente dentro del vehículo quizás, un tanto ajena. No quiso despedirse de nadie ¿Qué hacer con la derecha fascista? ¿Cómo...

De sangre, fatigas, lágrimas, sudor a Lluvia, truenos, relámpagos

Alejandro Oropeza G. | @oropezag “Los hechos reales valen más que los sueños. Winston S. Churchill, “La Segunda Guerra Mundial” Tomo I, Madrid: La Esfera, 2009   Confieso mi admiración hacia uno de los líderes, en mi opinión, más importantes de la historia de la humanidad en general y del Siglo XX en particular: Winston Spencer Churchill. No pocas biografías del estadista inglés me han deleitado y ocupado horas de estudio; así como sus monumentales trabajos sobre la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Quizás, uno de los puntos que más me llama la atención es la capacidad del líder para, sobre el reconocimiento y la asunción de sus errores construir estrategias personales y políticas para su superación, para trascender sobre ellos pero, sin negarlos o desconocerlos sino siempre teniéndolos a mano como sombras a las cuales hay que guardar con cuidado, ya que ellas edifican buena parte de la historia. En uno de los años más difíciles de no solo Inglaterra, sino de Europa: 1940, nuestro personaje ya de avanzada edad, es designado Primer Ministro e invitado por el Rey a formar gobierno. Las armas del III Reich hitleriano triunfaban sin ninguna resistencia importante en el Continente, caían estados, gobiernos, países y reinos al avance de su extraordinariamente eficiente ejército. La coalición, el Eje Berlín – Roma se protegía a sí misma las espaldas con el Pacto de Acero con la URSS de Stalin; y allá en el Pacífico, el Imperio de Japón movía sus piezas en una acción coordinada a distancia con la Alemania nazi. Peor escenario no era posible, en meses caería rendida Francia, el aliado continental y,...

La confianza y la historia, por Alejandro Oropeza G.

Alejandro Oropeza G. | @oropezag “¿Cómo puedo yo distinguir lo que está bien de lo que está mal, si la mayoría o la totalidad de quienes me rodean han prejuzgado ya el asunto? ¿Quién soy yo para juzgar?”. Hannah Arendt, “Responsabilidad y Juicio”, Barcelona: Paidós, 2007.   La situación que azota a nuestra ya bastante vapuleada Tierra de Gracia ciertamente plantea, exige y requiere varias aproximaciones; las cuales pueden, en su desarrollo, contradecirse u oponerse entre sí; en otras, acompañarse o corresponderse. De donde se concluye que nadie, ni individualidades ni grupos poseen la verdad ni de la interpretación de esa realidad ni del diseño de acciones para confrontarla y modificarla. Lo cierto es que se navega entre extremos no pocas veces opuestos, la mayoría de las oportunidades contradictorios. Por un lado padecemos la tiranía del corto plazo, que ha hecho posponer los deberes vinculados e inherentes a la larga duración, a la posibilidad de diseñar un futuro posible más allá del ámbito de la mirada y la realidad cercana. A esta inmediatez obliga la crisis que impacta, quién lo duda, en el día a día, en la hora cercana, en el minuto siguiente. Pero, es precisamente esa crisis el reclamo a voces de un país que requiere reinventarse el progreso, y más que reinventarlo, volverlo a conseguir; lo que de suyo supone modificar y replantear prioridades, adaptarse a la evolución de un mundo que al parecer se quedó allá afuera y que va muy por delante de lo que podemos nosotros mismos alcanzar. Así, no es tanto que debamos cambiar en función de la modificación y el rediseño de las prioridades que...