Tomás Páez: “En Venezuela no existe fuga de cerebros”

Tomás Páez: “En Venezuela no existe fuga de cerebros”

Redazione Madrid luglio 17, 2018luglio 17, 2018 Mauro Bafile MADRID – El café de la librería “La Central”, en una de las calles adyacentes a la concurrida Plaza El Callao, ha sido escogido por el filósofo y sociólogo Tomás Páez como lugar para nuestro encuentro. Es un sitio agradable; el ambiente, acogedor. Afuera, el bullicio del vaivén agitado de los días madrileños; adentro, la paz y el sosiego que transmiten los libros. Algunas mesitas están ocupadas por jóvenes enfrascados en sus lecturas; otras, por parejas de turistas. Apenas se oye el susurrar de las conversaciones, el chocar de los platos contra las tacitas de café.  Tomás Páez es el autor de “La Voz de la Diáspora”, una investigación inquietante que pone al desnudo la realidad de la emigración venezolana. El fenómeno, hasta hace algunos años extraño a nuestro País, se ha vuelto hoy una de sus características. Preocupa a las naciones con las que compartimos fronteras. Pero, no solo a esas. También a las de nuestro hemisferio y a las del Viejo Continente. Las primeras porque deben acoger a los centenares de venezolanos que a diario cruzan los pasos fronterizos; las otras porque temen que pueda crear desequilibrios económicos, laborales y sociales en un continente que todavía tiene muchos problemas que superar. A Europa porque ya tiene bastantes dolores de cabeza con las migraciones irregulares provenientes de los países africanos.  – Nuestra tesis, punto de partida de la investigación – nos aclara inmediatamente Páez -, es que en Venezuela no existe “fuga de cerebros”. El proceso que vive el país hay que entenderlo desde las nuevas perspectivas migratorias. Bien...
Más allá de darle pan al cuerpo

Más allá de darle pan al cuerpo

“Cuando se capacita a la gente, hay un plus ahí muy importante que es en el que realmente se apalanca la superación de la pobreza, porque a la persona se le abre la mente y toma consciencia del poder que tiene y comienza a generar más mecanismos de resiliencia” Roberto Patiño* Era el 2016 y en la parroquia San Alberto Hurtado, en la parte alta de La Vega, empezó a evidenciarse de manera dramática la crisis de alimentación que hoy padecemos en Venezuela. Docentes de varios colegios de la zona atendían casos de alumnos que se desmayaban en las aulas por el hambre. Frente a esa realidad, el párroco de ese sector, el padre Alfredo Infante, apeló a la solidaridad de vecinos y afectados para ofrecer alimentación a los niños. Fue entonces cuando tuve la fortuna de conocerlo y sumamos esfuerzos para concretar el primero de los comedores de Alimenta la Solidaridad. “La idea inicial”, recuerda el padre, “era atender 60 niños en ese comedor de la unidad educativa de Las Casitas, pero se llegó a 100, después 150 y 200. Entonces, se llegó a conversar con la comunidad de La Isla: se abrió allí otro comedor, el segundo”. El padre Infante se involucró cada vez más en el proyecto, ante la naturaleza inclusiva del programa. “Es muy interesante escuchar los testimonios de personas que para ese momento eran afectas al gobierno y que tenían a sus hijos en el comedor. Alimenta no discrimina por razones políticas ni religiosas. Y eso la gente lo ha reconocido. En el programa comen niños de familias de cualquier tendencia política y de cualquier creencia religiosa”. En la...
Los exiliados habituales

Los exiliados habituales

Francisco Suniaga prodavinci.com/los-exiliados-habituales/   Al ver esta vieja fotografía, cualquiera pensaría que fue tomada en Chicago en medio del más crudo invierno y que los personajes en ella eran funcionarios de algún buró federal estadounidense. Mas no es así, bien visto constituye una prueba irrefutable de que el calentamiento global es una realidad pues se tomó en Santa Fe de Bogotá, en 1937. Los retratados son: Germán Tortosa, el primero a la izquierda, unos de los fundadores del sindicalismo en Venezuela. En el extremo derecho está Horacio Cabrera Sifontes, prohombre guayanés, empresario, escritor y político que, entre otras posiciones, fue gobernador del estado Bolívar durante el gobierno de transición 1958-1959. Los dos personajes del centro, por si no los han reconocido, son Raúl Leoni y Jóvito Villalba, dos de los titanes de la democracia venezolana. Para la fecha de la fotografía tienen 32 y 29 años, respectivamente, y, como es historia, ya eran unos políticos curtidos con largos exilios, en particular Leoni, y varios años de prisión, como era el caso de Jóvito, que había pasado 6 años preso en el castillo de Puerto Cabello. Habían confrontado a la funesta dictadura de Gómez, incluso por las armas, y demandado a López Contreras las reformas democráticas que reclamaban los venezolanos. Por esto último, tras participar y dirigir las protestas masivas de 1937, fueron expulsados de Venezuela y enviados al exilio. Durante ese extrañamiento (que no sería el último porque aún debieron padecer el que les impusiera la dictadura de Pérez Jiménez), se retrataron en Bogotá. Con la nueva arremetida del autoritarismo sobrevenida con el siglo, a los líderes democráticos venezolanos...
El basurero de la historia

El basurero de la historia

LA OPINIÓN DE Ramón Hernández @ramonhernandezg Las palabras socialismo y progreso poseen un particular encanto tanto para los ilusos que siempre están deseando un mundo más equitativo como para los prospectos de héroe a quienes no les tiembla el pulso para aniquilar tres cuartos de la humanidad con la seguridad de que van a instalar a los sobrevivientes, ellos incluidos, en un paraíso mejor que el que perdieron Adán y Eva. El planeta, la Tierra –Gea, Gaia o la Pachamama–, ha sido la excusa más socorrida para ganar simpatizantes, adeptos, votos, camaradas y hasta kamikazes. La izquierda venezolana, la comeflor y también la terrorista del tren de El Encanto, siempre jugó las cartas de los derechos humanos y el ambientalismo ecologista, vaya por Dios. Ambas las utilizaban para agitar, crear zozobra y mantenerse en los titulares de los periódicos y en los noticieros de radio y televisión. Darío Vivas cumplió esos dos papeles y ya vemos su indolencia con la naturaleza y, sobre todo, con los seres humanos. Nunca la izquierda venezolana propuso la creación de un parque, un zoológico o un paseo urbano o una placita. Siempre se sumaba a las protestas de la ciudadanía o de los expertos. Lo hizo el “profesor” que desde Forja tenía a Caricuao como parroquia ecológica y que se sumó a la lucha en defensa de la sierra de Imataca y se opuso como el resto del país a que cables de alta tensión atravesaran el estado Bolívar, selva y sabana, para venderle unos miserables megavatios a Brasil. Todo quedó claro, hasta su silencio, cuando el comandante fue a hablar directamente con...
No matarás

No matarás

P. Luis Ugalde, S.J. Este mandamiento tan central y universal es violado en Venezuela no solo por los que disparan sino por los que imponen el actual sistema de muerte y quieren perpetuarlo. Ningún Caín (religioso o no) puede silenciar a su conciencia que le reclama por haber matado a su hermano. Como diría el ilustre Juan Germán Roscio, estamos obligados a escoger entre la libertad y el despotismo. Eso fue el 5 de julio civil: Independencia para que la vida y política de los venezolanos no la decidan en Madrid (ni hoy en Cuba), monarcas o dictadores. Como dice el Acta de la Independencia, los Borbones “quedaron inhábiles e incapaces de gobernar a un pueblo libre, a quien entregaron como un rebaño de esclavos”. ¡Cómo se repiten los tiempos! Al mismo tiempo en la humanidad es casi infinita la capacidad ideológica de justificar la muerte de millones de personas como medio necesario y bueno para lograr lo que consideran el bien y la vida: discriminaciones sociales que condenan a la miseria a gran parte de la población; sistemas esclavistas que legitiman la compra venta de los humanos reducidos a meros instrumentos; guerras “santas” que invitan a matar en nombre de su dios; revoluciones que eliminan a los oponentes de su iluso paraíso terrenal de libertad, igualdad y fraternidad. O esta “revolución” donde millones y millones que malviven y quieren cambio, se vuelven “contra revolucionarios” sin derecho a la vida. Hoy en Venezuela se usa el Estado y su Fuerza Armada para imponer la continuación de este modelo y régimen político, su gobierno y presidente, para ahondar la tragedia....
Laureano Márquez: Apocalypse Now

Laureano Márquez: Apocalypse Now

“Como centro y eje de la cultura universal, Occidente ha producido los grandes avances de la ciencia y el espíritu humano, pero también lleva en sí el germen de su destrucción. Su noción de la tolerancia la hace débil frente a las agresiones. Su noción de la universalidad le compromete con la defensa de las culturas que quieren aniquilarla”   Al filósofo Agapito Maestre   ¿Cunde la desesperanza en el planeta? ¿Será que el destino de la humanidad es su aniquilación y en ese sentido, lo estamos haciendo bien en todos los órdenes: político, tecnológico y humano? Parece que las categorías kantianas de comprensión de lo real no están funcionando mucho, ya no se entiende bien cómo es “la cosa en sí” (quizá porque vivimos concentrados en “la cosa en no”) y mucho menos aquella formulación suya: “Obra como si la máxima de tu acción pudiera convertirse por tu voluntad en una ley universal de la naturaleza” (¡grande Kant!, aunque we kant understand). Occidente y la cultura occidental son las bases de la humanidad. Incluso los críticos de esta cultura lo hacen occidentalísticamente, porque en otros terrenos no cabe la disidencia. Esa fe que tanto desprecio recibe hoy, es la fuente de nuestro humanismo, que se ha tornado últimamente selectivo. Como centro y eje de la cultura universal, Occidente ha producido los grandes avances de la ciencia y el espíritu humano, pero también lleva en sí el germen de su destrucción. Su noción de la tolerancia la hace débil frente a las agresiones. Su noción de la universalidad le compromete con la defensa de las culturas que quieren aniquilarla....