Por VENAMÉRICA

No pocos han repartido culpas; otros justifican la violencia; algunos llaman a la calma, a retejer la confianza en el futuro y en los gobiernos democráticos

“Cuando nos dejan libres, lo hacemos todavía peor. Lo menos malo parecería ser que sigamos siendo esclavos”. Mario Vargas Llosa: “Tiempos recios”, Alfaguara, 2019

Por ALEJANDRO OROPEZA G.*

En tiempos del “Caracazo” en Venezuela, recuerdo la intervención de Rafael Caldera en el Congreso, invitando al FMI a recorrer las calles de Caracas para verificar los impactos del ajuste del gobierno de Pérez. En días previos, al apreciar la violencia en las ciudades chilenas me preguntaba: ¿A quién llamar a recorrer esas calles para explicar tal barbarie?

Hemos testificado una escalada de violencia en la región: Chile, Ecuador, Brasil y Perú, por ejemplo, y la ocupación del espacio público por manifestantes que han arrasado material y espiritualmente la cotidianeidad de esas sociedades. No pocos han repartido culpas; otros justifican la violencia; algunos llaman a la calma, a retejer la confianza en el futuro y en los gobiernos democráticos; los más desfachatados se autoproclaman como agentes de los hechos y amenazan con un “huracán bolivariano” en la región.

Uno a quien se señala como responsable de la violencia en Chile es al “Foro de Sao Paulo”, cenáculo en el que confluye lo más bellaco y retrógrado de la izquierda continental con la revolución cubana a la cabeza. Asimismo, el Secretario General de la OEA advierte sobre el rol desestabilizador del eje Cuba-Venezuela. Circulan documentos, que no consta sean legítimos, en donde se formula un “Plan Estratégico” para Chile, que va desde financiar partidos de izquierda, hasta la instauración de un régimen socialista, pasando por degradar los valores sociales, proclamar el triunfo de ideologías cerradas, crear caos y estimular la lucha de clases; en fin, un recetario para desestabilizar a través de una agenda política que violenta la paz y la concordia nacional.

Lo que queda claro, más allá de la legítima procedencia de esos planes, es que en sociedades en donde la cultura ciudadana y democrática es sólida; no es que estén protegidas en contra de las arremetidas de estas peligrosas aventuras destempladas; pero, el contenido, calidad y contundencia de la respuesta que emerge del espacio público/social, tiene posibilidades ciertas de hacer frente a la estrategia; ergo allí hay una contundente resistencia a la instauración del caos y la barbarie.

No pocos han sido los análisis de VENAMÉRICA y del Observatorio Hannah Arendt, entre otras organizaciones preocupadas por la evolución de los sistemas políticos en la Región. Análisis que han llevado a ejecutar acciones y trabajar en apuntalar el recurso que se debe oponer a las pretensiones retrógradas de la izquierda fascista latinoamericana: la educación y la formación ciudadana en valores democráticos. El año pasado fue organizado un foro en Miami con el tema: Democracia y Totalitarismo en Venezuela, con la finalidad de dar una mirada abierta a nuestras realidades. También, se insiste en realizar una investigación profunda sobre ese emergente esquema de dominación: el Socialismo del Siglo XXI, en donde líneas estratégicas definan las acciones a oponer a las pretensiones de caos, lucha de clases e implementación de regímenes ideológicos que se abrogan la verdad absoluta y la clave de la historia.

Es paradójico que los regímenes que desestabilizan el espacio público y violentan los acuerdos sociales en la Región, en sus países impidan la pacífica evolución de tales acuerdos y repriman la ocupación de dicho espacio.

La educación y la formación en valores democráticos, el ejercicio responsable y honesto del gobierno, la eficiencia en la gestión gubernamental son medios que pueden coadyuvar a detener las pretensiones absurdas de un modelo de dominio que solo a través de la violencia, el caos y el engaño puede llegar a controlar un continente.

El autor es director de Venamerica Washington D.C.

@oropezag
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https://www.diariolasamericas.com  30 de octubre de 2019