Logo OHA vertical

Por Juan Bautista González S.

El momento político para los factores de la libertad y de la democracia en nuestro país no está bien. La promesa que se hizo al inicio del año; la estrategia definida pero que todavía no decide; la vida demasiado cara y muy dura; los nubarrones de las perspectivas que anuncian más tormentas; y, el hecho de tener que decir ahora que estamos pelando bolas en dólares, ha hecho que solamente los verdaderamente porfiados, sigamos pensando cosas y yendo a cuanto evento o reunión nos inviten a ver si conseguimos una clave, una llave, un suiche para mantener prendida nuestra esperanza.

En ese ambiente emocional me fui al primer Encuentro Nacional del Frente Amplio Venezuela Libre (FAVL) que congregó a un nutrido grupo de representantes de los partidos políticos y, fundamentalmente de la sociedad civil, de todos los estados del país en las más variadas formas de ONG, gremios, sindicatos, líderes vecinales, etc. En un acto con una programación muy sobria, escuchamos las palabras de bienvenida de Ángel Oropeza quien muy atinadamente destacó e invitó a aplaudir por la excelente organización del evento y de la significación que tiene esta unidad con los partidos y más allá de ellos en este momento político del país. Seguidamente el rector de la casa anfitriona el profesor José Virtuoso hizo señalamientos muy precisos sobre el papel de esa sociedad civil cuando suelta el rol de demandante y se coloca como actor participante de las definiciones y de las ejecuciones políticas en su ágora. Es decir cuando pasa de pueblo a ciudadano.

Videos testimoniales de los encuentros en cada estado (con aplausos entusiastas de las barras correspondientes), lectura del manifiesto del evento a cargo del representante de Vargas y entrega a Juan Gerardo Guaidó de las conclusiones obtenidas por cada encuentro estadal. Un acto formal, típico para las fotos y para la prensa pero que todavía no nos quitaba la picazón de que la vaina está mala y que puede ponerse peor: es decir, vamos a seguir jodidos mañana.

Le toca la palabra al presidente Guaidó. Crónica aparte, a mí siempre me ha parecido un muchacho muy simpático y que genera empatía con los públicos a los que se dirige, pero hasta ahí. De una manera muy certera nos lanza, de una, la frase de que hay que hacer explícito lo implícito. Y nos habla de los detalles y vicisitudes de la organización de este acto y de lo complejo que fue para la gente llegar a Caracas desde todos esos distintos lugares del país (ahí pensé, toma lo tuyo canalla, en lo fácil que era todo antes y criticando lo que se hace ahora desde una posibilidad que ya no existe). Nos habla que los del Zulia NO PUDIERON LLEGAR. Nos dice lo que tuvieron que pasar los del Táchira para estar con nosotros y se oyen gritos desde las gradas que hacen saber de la presencia de los de Amazonas y de Santa Elena de Uairén en el estado Bolívar. Nos pone en contexto.

Toma la barra caliente de las expectativas que estaban en nuestros corazones y en nuestro ánimo desde el comienzo de este año y se pregunta, retóricamente, sí estamos igual que a finales del año 2018 cuando toda nuestras conversaciones tenían la fatídica duda del TÚ CREES? Nos pone en el contexto de que hoy tenemos dos gobiernos en curso (uno con todas sus debilidades pero dos gobiernos al fin). Una opinión internacional mayoritariamente alineada con nosotros. Un país casi unificado, óigase bien, un país con casi el 90 por ciento (incluyendo a muchos chavistas) que quiere ver terminada esta pesadilla.

También nos dice que en 2019 vivimos una dictadura feroz que tiene en sus manos los hilos del poder y de la represión y que no está en su ánimo soltarlos a menos que se lo hagamos inevitable. Matan, encarcelan, suicidan, reprimen, amenazan para que siempre nos rodee el miedo. Yo le agrego, extorsionan con los servicios, acallan con la comida, convierten en dádivas nuestros derechos, condicionan nuestras vidas a buscar el cómo amanecer vivos.

Y con todo eso, están los docentes y los trabajadores de la salud haciéndonos ver que ellos no son víctimas a quienes hay que salvar desde afuera (invasiones y demás yerbas) sino que son sobrevivientes activos de una lucha que no cesa. Están las universidades dejándose la piel en la lucha, haciendo ver que son y serán un hueso muy duro de roer. Están nuestros lindos y sempiternos estudiantes contagiándonos con su fuerza, con su determinación y con su energía. Nos dice que puede haber negociación pero no hay tregua posible en el largo camino a la libertad.

Guaidó también trató sobre la lástima que dan esos venezolanos que siendo de los nuestros enfocan toda su energía en pelear contra nosotros mismos y dejan quieto al adversario, o los que dicen que todo está perdido y que por lo tanto ya no hay nada que hacer, o en los que apuestan y desean que haya un cambio pero que no se ven ellos mismos como parte de esa salida. Habló que le da mucha pena de la gente que se refugia en la rabia o en el desencanto para irse a llorar en un rincón o a ladrarle a los que pasen, pero que no piensan que después de la rabia o del desencanto van a tener que volver a armarse para luchar por un país que por su desinterés está mucho más consolidado en manos de nuestros adversarios lo por todo el tiempo que estuvieron arrinconados sin hacer nada.

En ese extraordinario contraste, nuestro presidente, no nos vino a pedir que lo siguiéramos, nos vino a pedir que nos ayudáramos. Nos vino a decir que los sobrevivientes vuelven a construir sus casas arrasadas, que los sobrevivientes agradecen el solo hecho de estar vivos y luchan por rehacer sus vidas porque ya una vez y por vez primera la hicieron (cosa que me hizo recordar a mi amiga Haydeé quien ve en todo este desastre una ventaja porque lo vamos a poder hacer de nuevo y mejor), que los sobrevivientes estamos ahí para contar la historia de cómo nos levantamos, que nosotros somos los sobrevivientes porque después de 20 años y con todo el miedo desplegado seguimos aquí (en este acto y en cada uno de los otros a donde vamos) buscando la manera de volver a hacernos con nuestras vidas.

Finalmente no quiso eludir la pregunta que nos llena de ansiedad y que nos carcome el alma hasta a los más consecuentes necios: ¿Y EL DESENLACE DE TODO ESTO ES PARA CUANDO? Con una extraordinaria habilidad política para saberse dueño de toda la atención y haciendo alarde del recurso pedagógico de la anécdota personal nos llevó a sus tiempos de estudiante cuando un profesor (primero anónimo y que luego se descubrió era el Padre Ugalde) les increpó que para ser líderes políticos debían “ensuciarse las manos de realidad” y que también les preguntó, como detalle filosófico y como una manera de manejar las expectativas,  “el por qué la danza de la lluvia de los indios americanos siempre resultaba exitosa”…un silencio conveniente, una mirada inquisitiva a ver si alguien sabía la respuesta… Y, de vuelta de unos segundos que duraron siglos, vino la respuesta “la danza de los indios siempre era efectiva y no fallaba nunca, porque ellos danzan HASTA QUE LLUEVA.

Juan Bautista González, director de Proyectos del Obseervatorio Hannah Arendt.

Octubre 31 de 2019