De sangre, fatigas, lágrimas, sudor a Lluvia, truenos, relámpagos

De sangre, fatigas, lágrimas, sudor a Lluvia, truenos, relámpagos

Alejandro Oropeza G. | @oropezag “Los hechos reales valen más que los sueños. Winston S. Churchill, “La Segunda Guerra Mundial” Tomo I, Madrid: La Esfera, 2009   Confieso mi admiración hacia uno de los líderes, en mi opinión, más importantes de la historia de la humanidad en general y del Siglo XX en particular: Winston Spencer Churchill. No pocas biografías del estadista inglés me han deleitado y ocupado horas de estudio; así como sus monumentales trabajos sobre la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Quizás, uno de los puntos que más me llama la atención es la capacidad del líder para, sobre el reconocimiento y la asunción de sus errores construir estrategias personales y políticas para su superación, para trascender sobre ellos pero, sin negarlos o desconocerlos sino siempre teniéndolos a mano como sombras a las cuales hay que guardar con cuidado, ya que ellas edifican buena parte de la historia. En uno de los años más difíciles de no solo Inglaterra, sino de Europa: 1940, nuestro personaje ya de avanzada edad, es designado Primer Ministro e invitado por el Rey a formar gobierno. Las armas del III Reich hitleriano triunfaban sin ninguna resistencia importante en el Continente, caían estados, gobiernos, países y reinos al avance de su extraordinariamente eficiente ejército. La coalición, el Eje Berlín – Roma se protegía a sí misma las espaldas con el Pacto de Acero con la URSS de Stalin; y allá en el Pacífico, el Imperio de Japón movía sus piezas en una acción coordinada a distancia con la Alemania nazi. Peor escenario no era posible, en meses caería rendida Francia, el aliado continental y,...
La confianza y la historia, por Alejandro Oropeza G.

La confianza y la historia, por Alejandro Oropeza G.

Alejandro Oropeza G. | @oropezag “¿Cómo puedo yo distinguir lo que está bien de lo que está mal, si la mayoría o la totalidad de quienes me rodean han prejuzgado ya el asunto? ¿Quién soy yo para juzgar?”. Hannah Arendt, “Responsabilidad y Juicio”, Barcelona: Paidós, 2007.   La situación que azota a nuestra ya bastante vapuleada Tierra de Gracia ciertamente plantea, exige y requiere varias aproximaciones; las cuales pueden, en su desarrollo, contradecirse u oponerse entre sí; en otras, acompañarse o corresponderse. De donde se concluye que nadie, ni individualidades ni grupos poseen la verdad ni de la interpretación de esa realidad ni del diseño de acciones para confrontarla y modificarla. Lo cierto es que se navega entre extremos no pocas veces opuestos, la mayoría de las oportunidades contradictorios. Por un lado padecemos la tiranía del corto plazo, que ha hecho posponer los deberes vinculados e inherentes a la larga duración, a la posibilidad de diseñar un futuro posible más allá del ámbito de la mirada y la realidad cercana. A esta inmediatez obliga la crisis que impacta, quién lo duda, en el día a día, en la hora cercana, en el minuto siguiente. Pero, es precisamente esa crisis el reclamo a voces de un país que requiere reinventarse el progreso, y más que reinventarlo, volverlo a conseguir; lo que de suyo supone modificar y replantear prioridades, adaptarse a la evolución de un mundo que al parecer se quedó allá afuera y que va muy por delante de lo que podemos nosotros mismos alcanzar. Así, no es tanto que debamos cambiar en función de la modificación y el rediseño de las prioridades que...
Post guerras y aproximaciones, por Alejandro Oropeza

Post guerras y aproximaciones, por Alejandro Oropeza

Con un aderezo terrible, de dos cabezas para mayor desgracia: la ausencia de una voluntad popular que dé piso y fundamento a una posibilidad de democratización tan decisiva como la propia indignación y la protesta; a ello lo acompaña una dramática pérdida de confianza en los mecanismos y posibilidades de intermediación Sociedad-Estado que están llamados a cumplir los partidos políticos entendidos primeramente, como estructuras sociales activas. “¿Y si nuestro gran desafío consistiera precisamente en construir unas mediaciones menos rígidas, pero mediaciones al fin y al cabo, en la economía, en la política o en la cultura, que compatibilizaran tanta libertad como fuera posible con la arquitectura que proteja derechos y corrija los efectos no deseados?”. Daniel Innerarity, “La política en tiempos de indignación”, Barcelona: Galaxia Gutemberg, 2016. En la profunda crisis general que padece nuestro país, que afecta la institucionalidad, el sistema político, los valores ciudadanos y sociales, la economía, la producción, la salud, la confianza en las intermediaciones acostumbradas y un largo etcétera; cuando se pretende encontrar una explicación que justifique tal realidad, es pertinente recordar aquello que ya habían afirmado y aprehendido los clásicos: en política, cualquier valor sin contrapunto, sin contrapeso efectivo se convierte en una posibilidad amenazante. Pueden acudir, como en efecto lo hacen, infinidad de aspectos para explicarnos la génesis de nuestra aciaga realidad, pero por limitaciones lógicas no se podrían abordar todas acá y, menos aún, el diseño de las posibles estrategias que de tal reconocimiento pudiere desprenderse como consecuencia; por lo que solo es permitida una referencia muy precisa a solo algunas de ellas. La primera que salta a la vista es...
Recuerdos de Jara… a propósito de Wuilly Arteaga

Recuerdos de Jara… a propósito de Wuilly Arteaga

Alejandro Oropeza G. TalCualDigital.com / Columna: El Poder y la Libertad “Queremos tantas cosas como sea posible al precio más bajo posible, y eso nos deja indefensos ante la aparición de nuevos Robespierres o Hitlers”. Joost de Vries, en: “La república”, 2017. No le he conocido personalmente, tampoco escuchado su notas lanzadas a los aires para acompañar al humo represor en calles y avenidas de Caracas. Lo he visto en videos, lloroso, con su instrumento destrozado por una funcionaria de la honorable Guardia Nacional, para luego apreciar una solidaridad nacional e internacional que puso en sus manos varios violines que sustituyesen aquel destruido valientemente por la aguerrida integrante de nuestra Fuerza Armada. Siguió dando su batalla solitaria, aupando y gritando al mundo el contenido rebelde de su libertad, su concepción del mundo, su canto que no transigía, su posición ante la vida, envuelto en los gases que tiñen de monstruosidad beligerante el ejercicio de la virtud cívica de buena parte de los venezolanos de nuestros días. Hasta que esa inocencia clamando derechos, como tantas otras, molestó, se convirtió en estorbo para la violencia oficial, para la inteligencia vestida de verdes y fue detenido, aislado, se afirma que torturado y luego de pretender quebrar su voluntad le soltaron, no lo dejaron en libertad porque creo que nunca la perdió. Soltado, así como cuando un bravo e irracional toro abandona al torero luego de batuquearlo a voluntad y zarandearlo como un guiñapo. El suyo es un ejemplo entre muchos. No pocos son los venezolanos que han padecido y padecen la irracionalidad de un régimen aferrándose a cualquier precio al poder, al...
Entre la oposición y la resistencia

Entre la oposición y la resistencia

Alejandro Oropeza G. TalCualDigital.com / Columna: El Poder y la Libertad “…el carácter político de la libertad individual entendida como responsabilidad es la idea de que mayor libertad siempre significa también mayor responsabilidad”. Vanessa Lemm, en: “Nietzsche y el pensamiento político contemporáneo”, 2013. Si alguna formulación de la teoría política es pertinente por su contenido práctico, es aquella que hace Hannah Arendt en su obra “La condición humana”, al identificar dos esferas en la acción humana: la privada y la pública. En la segunda se sucede lo político, por lo tanto allí ocurren todo el conjunto de interacciones que se dan entre los ciudadanos con miras a alcanzar acuerdos que suponen un beneficio común, un bien común; y uno de los mecanismos por medio del cual es posible argumentar, expresar, debatir, contradecir, oponerse a otros para aquellos fines es el discurso. Por lo que este discurso debe ser de libre expresión por parte de todos y cada uno de los que participan en la esfera de lo público, de lo político.  Nuestra filósofa alemana a lo largo de su basta obra argumenta que el poder, en una muy particular concepción, emerge precisamente en el ámbito de lo público por cuanto supone el alcance de acuerdos entre los individuos-ciudadanos que basan y legitiman el ejercicio del poder, en tanto y en cuanto éste necesariamente tiene que surgir, para que sea legítimo, de aquellos acuerdos. Y de ahí a verificar que la sucesiva renovación de aquellos acuerdos, sus actualizaciones, su evolución deben ser igualmente acordados, no existe sino un paso en el pensamiento. En los últimos días ha llamado poderosamente la...
Tres patas… y una cuarta

Tres patas… y una cuarta

Alejandro Oropeza G. TalCualDigital.com – Columna: El Poder y la Libertad “La resistencia permanente al Estado que al mismo tiempo limita y asegura la forma democrática, se vuelve un medio de mantención de la democracia en la medida en que es la forma estatal la que disuelve la democracia. Sólo a través del Estado está el pueblo constituido como pueblo; sólo resistiendo al Estado el pueblo sigue siendo pueblo”. Wendy, Brown. 2000. “Nietzsche for Politics.   Identificamos tres patas, entre otras, que sostienen el equilibrio de un Estado en funciones, es decir, cumpliendo los fines y objetivos que debe satisfacer para serlo en tanto tal. Quizás una cuarta acude a dar basamento a la acción política de este actor. En este sentido, se aprecia más allá de una concepción contractualista que justifique o explique la aparición y permanencia del Estado, a este como actor que se confronta con otro actor; se confronta no se opone, el cual es la sociedad de la cual emerge y que legitima su organización y valida la representatividad de los órganos del los cuales se vale para ejercer sus funciones. Decimos se confronta, porque entre ambos actores Estado-Sociedad debe establecerse un dinámico, en oportunidades precario equilibrio, pero equilibrio finalmente, por medio del cual el Estado pretende cumplir sus atributos legalmente establecidos y por otra parte, la sociedad persigue limitar tales atributos y, más aun, el instrumental decisorio e interventor del cual el Estado se sirve para cumplir sus fines. Es un tira y afloja, una balanza que va y viene y que jamás, al menos en sistemas democráticos, será inmóvil o constante. Esta reflexión...