De justos y valientes

De justos y valientes

ALEJANDRO OROPEZA G. @oropezag La mayor valentía que puede conquistar un ciudadano libre es convertirse en un ser justo “- Señor Vargas, el mundo es de los valientes. – No, el mundo es del hombre justo. Es el hombre de bien, y no el valiente, el que siempre ha vivido y vivirá feliz sobre la tierra y seguro sobre su conciencia.” Diálogo entre Pedro Carujo y José María Vargas, Al Carujo ponerle bajo arresto domiciliario cuando estalla la Revolución de las Reformas (8 de junio de 1835). No escuché el video, no quise en realidad, solo vi las imágenes; y ello porque quizás ya conocía, o me imaginaba, el contenido del intercambio verbal entre los dos hombres. Uno trajeado de civil, desarmado, sin escoltas, directo, inquirente, poseso de su derecho, en la sede de la institución que representa, titular de un Poder Público plural y político, electo por la voluntad popular; otro, uniformado, armado, rodeado de personal equipado, registrando en video la situación, asistido de ese poder que otorga al parecer un uniforme militar, por tanto: valiente, seguro, en la sede de la institución que está llamado a resguardar en nombre del pueblo que la eligió, titular de un grado militar otorgado por la República como miembro de la Fuerza Armada Nacional: apolítica, subordinada al poder civil, profesional y disciplinada. ¿El motivo y razón del intercambio? Poco importa. Importa que el presidente de la Asamblea Nacional de una República, la cabeza de un Poder Público de un país acude a una oficina ubicada dentro del espacio en donde funciona ese Poder Público a solicitar información, o explicaciones, cualquiera que ella sea; y...
¿Guerreros vs ciudadanos?

¿Guerreros vs ciudadanos?

ALEJANDRO OROPEZA G. @oropezag No hay bajas de primera y de segunda, no hay muerte temprana que merezca se aplauda, no existe el homicida bueno, no puede caber la violencia fratricida, no hay cráneos que merezcan el chasquido de una bala que los atraviesen ¡Porque no existen vacíos embajador! “…quien es causa de que otro se haga poderoso, se arruina a sí mismo…”. Nicolás Maquiavelo, en: “El príncipe”. Los hemos visto a través de los días largos, con brazos extendidos más allá de la esperanza o del anhelo que domina los empeños. Antes, pieles derrotadas cubrían los torsos secos y ausentes, los surcos que dejaba la humedad del dolor en el recuerdo; inhábil la sonrisa paralizada por la secreción de la victoria en el recuerdo del dolor que acuña el naufragio; la mirada puesta en el hogar lejano a la dama o al caballero que aguarda la noticia, esa que lleva el fruto de la carrera para avistar la sorpresa anónima. Hoy, en un hoy largo… que inició desde el génesis del Dios no complaciente la piel es de cables de oro, de ecos siempre invisibles, de tanques blancos o de cualquier tono daltónico que confunde la memoria; los unos con vidrios traídos desde lejos, de colores también, pero con ideogramas traducidos a un inglés sin instrucciones y en donde se ordena la lógica de uso de un terror recurrente. Verdes negros, colchas contemporáneas que protegen rodillas, codos, cabezas, memorias, recuerdos, conciencias y olvidos; artículos que evitan el espejo al volver la mirada, ya en casa, ya en el reposo, ya solos con cada quien en el bolsillo que guarda...
El tesoro perdido

El tesoro perdido

Alejandro Oropeza oropezag@gmail.com “Los unicornios y las hadas parecen poseer más realidad que el tesoro perdido de las revoluciones”. Hannah Arendt, en “La brecha entre el pasado y el futuro”, 1961. Entregamos la libertad, que se ejerce finalmente en los espacios de lo público, no viendo los acontecimientos desde la televisión en nuestras casas; debemos opinar, confrontar ideas, conversar, entendernos como pueblo, sabernos como sociedad, y dialogar (palabra y acción que debemos rescatar de su marasmo). Insistentemente escuchamos en nuestra vapuleada Tierra de Gracia el lamento por la pérdida irremisible de oportunidades, que dejamos ir el autobús del destino que pasó veloz por alguna parada de la historia en alguna calle del universo posible; jamás tendremos de vuelta la posibilidad desechada por unos y la culpa de otros, deploramos. El punto es que siempre acude, como es lógico suponer, una vez tras otra, una nueva oportunidad, mejor que la previa y el cataclismo del destino no logrado nos vuelve a atormentar como sociedad. Casi siempre, por no decir siempre, se asocia la pérdida de ese dorado destino con los ingentes recursos que, producto de la renta petrolera, nos han servido de piso para esas posibilidades perdidas. Oímos que en un determinado periodo de tiempo la cantidad de recursos recibidos por aquella vía no se igualan a la totalidad de los percibidos con anterioridad, que con ellos pudimos haber hecho, construido, edificado, señalado rumbos triunfantes, refaccionado a la sociedad, al Estado, al gobierno (en oportunidades hasta generar un hombre nuevo), reconstituir a los unos pero también a los otros. En fin, la oportunidad perdida se lleva al limbo deseos, esperanzas...
¿AB OVO?

¿AB OVO?

Alejandro Oropeza G.* “… el perdón pretende hacer lo que parece imposible, deshacer lo que ha sido hecho, y que consiste establecer un nuevo comienzo allí donde los comienzos parecían haberse hecho imposibles”. La tradición del pensamiento político, Hannah Arendt. Semanas atrás leí una opinión enviada a través de Twitter la cual expresaba el airado reclamo de una venezolana de la necesidad, lo indispensable de hacer borrón y cuenta nueva y comenzar todo en nuestra Tierra de Gracia, desde el principio, desde cero. Algo así como actuar socialmente según la clásica expresión del latino Horacio: ab ovo (desde el huevo). Así, muy respetuosamente le envié un mensaje advirtiendo que esa pretensión, más ilusión que otra cosa, de querer siempre comenzar desde un hipotético reinicio fundador de todo, ciertamente podría ser una de la explicaciones de encontrarnos en las graves dificultades que hoy día nos agobian. La preocupada compatriota, palabras más palabras menos, riposta: trate usted de construir un edificio en un pantano; a lo que le respondí que los holandeses tenían siglos haciéndolo. Percibí entonces claramente esos reinicios permanentes como la condena de Sísifo, obligado a cargar la pesada piedra hasta la cumbre y luego soltarla y eternamente repetir el trabajo. El corto intercambio expuesto expresa dos posiciones ante la vida, ante el mundo: la necesidad permanente de cambio, por una parte; y el instinto de la preservación, por otra. Lo primero supone evolución, avance, construcción de futuro, pero también rupturas violentas y erráticos sueños; lo segundo estabilidad y, muchas veces, estancamiento. Llevando esto al plano de la acción política encontramos a progresistas y conservadores. Y entre ambos extremos...
De Ravel a la revolución…

De Ravel a la revolución…

Alejandro Oropeza G.* “[…]el deber de todo creador es escuchar atentamente el mundo y convertirse en intérprete de los sentimientos que sacuden a su pueblo”. Tzvetan Todorov, en“Insumisos”. La vi, una afortunada noche hace años en el teatro Municipal de Caracas, el acompañamiento de aquella magia era de Ravel, El Bolero, específicamente. Aquella extraordinaria mujer era como una culebra de mil brazos de aire que se enrollaba en el cuerpo de su compañero, una musa divina que poseía espacios y cantaba a la luz de las tablas, al tiempo que se orquestaba una posesión que rompía la cuarta pared y uno “sentía” estar en aquel glorioso serrallo que daba marco al in crescendo que agitaba a las estrellas más allá de la monumental araña del techo. La recuerdo en su gloria: menuda, compacta, segura, enorme, posesa de una agitación sensual que envidiaría cualquier diosa amante; alegre y trágica, diabólica y sublime; era la época en la que el nuevo mundo conquistaba las salas de buena parte del planeta y hacía estremecer a la crítica y a los públicos que obnubilados aplaudían a rabiar a la caraqueña en su período dorado. En estos días llega a mis manos una también extraordinaria edición del búlgaro Todorov titulada “Insumisos”, la cual tiene una dedicación muy particular: “En memoria del insumiso desconocido”, y trae a tema el sempiterno punto de la posición de los intelectuales, de los creadores respecto de los regímenes que rigen, o pretenden regir, los destinos de la humanidad. Advierte nuestro autor que, basados sus comentarios en su experiencia vivida en el socialismo real soviético impuesto a sangre y fuego...
FANATICUS EST…

FANATICUS EST…

  Alejandro Oropeza G. “[…]el culto a la personalidad, la idealización de líderes políticos o religiosos, la adoración de individuos seductores, bien pueden constituir otras formas extendidas de fanatismo”. Amos Oz, en “Contra el fanatismo”. Siempre me ha llamado la atención las acusaciones procedentes de buena parte del liderato oficialista tildando de fascistas a otros líderes u organizaciones que no comulgan con el credo “revolucionario”; también, no deja de sorprender determinadas actitudes, no ya del liderazgo, sino de los grupos que apoyan al “proceso” que no les permiten o no desean ver algunas realidades, en oportunidades muy evidentes, que no favorecen ciertamente la capacidad de la gestión pública de nuestros gobernantes. Se me ocurre pensar que estas dos actitudes traducen en la práctica del día a día dos aspectos que para nada aparecen como contradictorios, por una parte el fanatismo, cuya esencia primera reside en el deseo del fanático de obligar a los demás a cambiar, a corregir su vida, bien porque está irremisiblemente equivocado o confundido. La otra actitud se refiere a la acusación que referida al inicio, de atacar llamando a “los otros” fascistas, entre muchos otros apelativos. Pero, de verdad verdad la acusación, no hace sino reflejar algo mucho más delicado como lo es la confusión que caracterizó a los regímenes comunistas entre moral y política. Confusión que lleva a reivindicar, en opinión de TzvetanTodorov, algunos valores absolutos (como la igualdad, la libertad, la dignidad humana, la patria, etc., etc.) y que las acciones políticas internas y externas se desprendieran de tales valores. Lo cierto era que el fin de la acción del Estado no era...